La histeroscopía es un método de diagnóstico y tratamiento que mucha gente considera como algo nuevo, cuando en realidad no lo es. Este método, el cual suele ser llamado “el estetoscopio del ginecólogo” consiste en entrar por el cuello uterino haciendo uso de una cámara muy delgada, de un diámetro menor al de un popote, para diagnosticar por dentro todo tipo de enfermedades que el ultrasonido no puede lograr, al no ser lo suficientemente sensible.

Por medio de una distensión de agua, se infla un poco la cavidad uterina para identificar todas las estructuras, ya sean normales o anormales, que pudiesen presentar algún tipo de enfermedad. La indicación más común que amerita este diagnóstico es la alteración en frecuencia de sangrado, la cantidad del sangrado o regularidad del mismo, es decir, que el ciclo menstrual se repita de forma anormal.

Una práctica médica incorrecta ocurre cuando llega una paciente con problemas de sangrado, y la primera medida es darle un ciclo de anticonceptivos orales. La realidad es que eso se trata de un síntoma, por lo que los anticonceptivos no tratan la causa de ese sangrado, que en una gran mayoría de los casos tiene un origen orgánico demostrable. Por estas razones, la histeroscopía se considera un sencillo método con el cual es posible dar con el correcto diagnóstico.

Sin embargo, las alteraciones de sangrado no son los únicos síntomas que la mujer debe detectar para realizarse este procedimiento. También las pacientes que tienen problemas de fertilidad son candidatas para llevarlo a cabo, ya que el estudio arroja mucha información; para casos de fertilización in vitro, no basta con tener un embrión saludable afuera, vitrificado, sino que debemos saber cuál es el estado de la cavidad uterina, que, finalmente, es donde vamos a implantar el embrión.

Por otra parte, toda paciente que después de la menopausia tenga problemas o alteraciones de sangrado es automáticamente candidata a este tipo de procedimientos, dado que se tiene que descartar la presencia de enfermedades del endometrio, como lo es, en primer lugar, el cáncer. En esos casos, no basta con hacer un curetaje; la ventaja que ofrece la histeroscopía es que se pueden detectar qué zonas intrauterinas se ven con mayor alteración, y así tomar una biopsia directamente del sitio que se encuentra con un patrón alterado.

Cada paciente conoce su ciclo menstrual y sabe identificar cuándo un sangrado no es normal. Cuando visitan al médico por dichas razones, estas son el reflejo de un trasfondo, el cual el médico debe investigar para determinar alguna de las muchas causas del problema. Puede tratarse, por ejemplo, de un mioma oculto en el endometrio, un pólipo, o algún tipo de alteración que pudiese estar causando estos sangrados que, por medio de un ultrasonido convencional, no hubiera sido posible detectar.

Es importante señalar que las alteraciones de sangrado son bastante comunes en pacientes que se encuentran en edad reproductiva. En el caso de pacientes premenopáusicas, deben acudir al médico para descartar un problema de anemia o de infertilidad, y en las pacientes postmenopáusicas, como se mencionó anteriormente, acudir de inmediato al médico para descartar un posible cáncer.

Finalmente, otro uso que se le puede dar a la histeroscopía es cuando existe un dispositivo intrauterino encarnado. En lugar de usar un elemento traumático como las pinzas, con las cuales la extracción suele ser dolorosa, se echa mano de la histeroscopía para desencarnarlo y retirarlo de manera bastante sencilla.

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